| La fiesta de Manu Chao en Andes Talleres (ve los videos del recital en radiorama tv) Latido mestizo (Publicada por diario Los Andes el martes, 03 de marzo de 2009)  foto:radiorama Acostumbrado a viajar por el mundo, el comandante de Radio Bemba sigue abriendo espacios sobre un mapa rítmico y humano de alta calidad. Así, el domingo congregó a siete mil personas en el estadio Andes Talleres y descargó una maquinaria festiva imparable. La conexión con el público fue total y generó un clima festivo que, a pulso de reggae, power o rumba gipsy, superó las dos horas y media. Trotamundos, Manu Chao. Al bajar del escenario, estrecha en el abrazo a ese amigo de La Colifata (que se ha sumado al Tómbola Tour) y extiende la onda a la gente que ha venido a Mendoza por él desde Francia, Uruguay y ¡Japón!. Con una sonrisa, claro, saca las regiones del medio y reubica a todos en un mapa íntimo. Por un rato -en esta suerte de after que tiene más de asado mestizo que de vip careta-, nos influye su magi a: ‘somos familia’. “Estuvo estupendo, Manu”, le devuelve la fan japonesa. Él, entretanto, reserva un momento privado para los amigos del barrio La Gloria. Hablan del presente, de los proyectos, para moldear un formato creativo en su comunidad. A ellos, hace unos minutos, Manu desde el micrófono les dedicó el show. Rebobinemos: el recital de los gitanos echó a andar a las 21.30, tras los toques fugaces de los locales Parió la Choca y Vieja Cepa. Radio Bemba fue, a partir de allí, una transfusión de energía, a pulso de reggae, power, rumba gipsy... Sobre la voz de Manu Chao, en temas como “Clandestino” o “Rumba Barcelona” fluyeron hermosos derrames de cuerdas flamencas. Similar a un relato de viajes, el recital navegó por una discografía que no conoce fronteras -”Estación esperanza” y “La Radiolina”-, fue y volvió por “Yo vengo del hoyo”, celebró la oda a Maradona y rumbeó por “Mentiras”. La foto fue ésta: Manu Chao percutiendo el micrófono contra la aurícula izquierda: sacándole un loop al latido para la base anímica de la noche. Con semejante corazón, él sintonizó el ritmo del estadio -más de siete mil almas- a su palpitar mestizo. Forzó la máquina instrumental a fondo y descargó canciones por más de dos horas y media. De aquí pa'allá “Una canción por día”, ésa, nos había dicho, es su dieta creativa. De nuevo en el quincho, borrando los límites entre el arriba y el abajo, Manu Chao vuelve a pararse ante nosotros con el nervio agitado, la mirada híper brillante. Tiene todavía la adrenalina del show en el cuerpo, pero su humor es sereno y hasta condescendiente. Firma cien autógrafos, le sacan cien fotos. Todo lo concede pero se concentra, en especial, cuando una propuesta le interesa: la de tocar para los menores que están presos. Un eje sobre el que este cantautor gravita desde hace años y que lo ha mantenido ocupado con su más reciente registro discográfico: un CD editado sólo en México, a beneficio de los presos políticos del EZLN. Volvemos a hablar con Eduardo, de La Colifata. “Lo que pasa es que a Manu yo lo conozco, está en todas partes”, nos dice con el trofeo de su camisa al hombro. Acaso él es el más indicado para largar esa línea. Dentro del Borda, la presencia del Mano Negra no sólo ha sido real, ha sido franca. Los Radio Bemba -un comando de teclados, percusión, guitarra y bajo- quieren rumbear para ‘el Barloa’, el bar favorito de la banda. Manu, en cambio, prefiere la ducha y el sueño. Al día siguiente, como siempre, querrá acercarse a La Gloria. Mariana Guzzante -
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